Libertad de pensar

junio 7, 2010

IMPRUDENTE

Los dichos públicos del embajador de Chile en Argentina, Miguel Otero, asegurando que “la dictadura no se sintió” y que al final “fue bueno para el pueblo” son inconvenientes e inaceptables.

En general cada uno es libre de emitir las opiniones políticas que le parezca conveniente y está en todo su derecho, pero este derecho, como todos los derechos tiene limitaciones, y una de las limitaciones mas evidentes tiene que ver con el trabajo que uno desempeña y la posición pública que representa. Y tal vez el caso mas claro de limitación en los dichos que uno puede o no puede hacer públicos es la carrera diplomática.

No son para nada lo mismo los dichos de cualquier hijo de vecino en una reunión de amigos, que la declaración pública de un funcionario de gobierno.

Mucho mas aun, cuando ese funcionario es un embajador, es decir el representante del país (de todo el país), en el extranjero.

Declarar en su calidad de representante de Chile que la dictadura “No se sintió y que fue “un alivio” y que fue” buena para el pueblo” no solo representa una imprudencia diplomática (cuando imprudente es lo último que un diplomático debería ser) sino que sin ninguna necesidad vuelven a dividir a los chilenos entre si, porque yo le aseguro al señor embajador que sus opiniones no representan a todos los chilenos y ofenden gravemente a decenas de miles de compatriotas que tienen parientes directos asesinados, torturados o desaparecidos.

Como si fuera poco, dichas declaraciones también ofenden a ciudadanos argentinos, que también se vieron afectados por la dictadura de pinochet (la minúscula no es por error) e incluso a sus instituciones de justicia, porque el parecer olvida el embajador que hay un agente de dicha dictadura que el, tan livianamente alaba, condenado a cadena perpetua en argentina por haber cometido un atentado con bomba en las calles de Buenos Aires con dos víctimas fatales.

Bien podría darse que el gobierno argentino decidiera declararlo “persona no grata” desatando con ello un problema diplomático entre ambas naciones, o en caso contrario soportar tensiones internas con los propios ciudadanos argentinos que se puedan haber sentido ofendidos por sus dichos, y que sin duda ya estarán presionando a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para que lo expulse del país.

Todas estas consecuencias de su imprudencia son justo lo contrario de sus obligaciones como embajador de Chile, (es por eso que, imprudente, es lo último que un embajador debe ser)

El solo hecho que el canciller de Chile deba salir al día siguiente a puntualizar que las declaraciones del embajador Otero representan “opiniones personales y no la opinión del Gobierno” (Terra, EMOL, La Nación, El Mostrador) ya indica que un embajador está haciendo mal su trabajo. Eso es un hecho.

Eduardo Erlandsen

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